
A los chicos les decimos que los fantasmas no existen... a las mujeres hay que recordarnos que la Mujer Maravilla es ficticia. Queremos trabajar bárbaro, tener la casa divina, cocinar como un chef, ser madres amorosas, conocer cada detalle de la vida de nuestros hijos y ¡estar divinas! Pero resulta que llegamos corriendo al trabajo y nos esperan toneladas de tareas, la casa quedo tal cual la dejamos a la mañana, pedimos comida a domicilio, estamos agotadas para jugar un rato más con los chicos, abandonamos el gimnasio y nos maquillamos en el tren, el auto o el colectivo.
¿A quién engañamos?
Son varias las mujeres que aceptaron que en algún momento de sus vidas esto les pasó (yo primera en la lista!). Pareciera que queremos dejar nuestro toque personal en cada cosa que hacemos y a veces esta actitud va en detrimento nuestro. Terminamos agobiadas. Entonces deleguemos, mientras podamos, lo que no nos guste hacer o sigamos creando puentes... pidamos ayuda o companía.
Nos gusta saber que nos necesitan y a los que nos rodean les puede pasar lo mismo y les haríamos un regalo abriendo nuestras puertas, invitandolos a fomrar parte de nuestras vidas.
Es una forma de demostrar aprecio, fíjense todo lo que podemos transmitir en un simple ¿me ayudás? ¿me acompañás?
Además, ¿en qué capítulo vieron a la mujer maravilla luchar y lavar los platos al mismo tiempo?
Ahhhh! ¡Vieron!
Loli